Portishead
Last song of the last concert of Portishead…
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David Byrne writes about the so-called music industry

I accidently came across this article written by David Byrne in Wired. Fairly old, but definitely one of the best read in a long time about the music industry and its recent changes.
Link to the printed version here.
Thank you Arsenal

Esta temporada con el Arsenal ha sido una de la más bonita. Aunque no hemos ganado nada, un equipo volvió a nacer después del fin de reinado de Henry y ha producido momentos de fútbol que alcanzaron la perfección. Técnica, velocidad, mental, fuerza, lo hemos visto todo y muchas veces todo a la vez en partidos memorables (AC Milan y Liverpool en la Champions). Más adelante iré haciendo un recopilatorio de la temporada, pero por ahora querÃa dejar ese articulo de John Carlin publicado en El PaÃs el pasado fin de semana porque tengo que desharceme del dolor.
Ha sido La Semana de la Injusticia. Primero, el Arsenal, con su derrota ante el Liverpool en la Champions; segundo, más dolorosa para los españoles, la derrota del Getafe ante el Bayern en la Copa de la UEFA.
¡Viva la injusticia! Es lo que define al fútbol, lo que distingue a este deporte de todos los demás y lo que hace que mueva más masas, más sentimientos, que el resto. Al final de uno de cada dos partidos, siempre hay un grupo apreciable de gente -entre los aficionados, los periodistas, los ex jugadores que salen en la radio y la tele- que opina, indignado, que el resultado fue inmerecido. Esto no ocurre en el tenis o en el golf, en los que cada jugador es responsable de su destino. En el baloncesto, el ganador no se suele discutir. Tampoco en el rugby. Y en las carreras de coches y motos, si el aparato falla por un defecto técnico, pues es que el equipo falló. No fue culpa del azar.
Todos los demás deportes son, en este aspecto, bastante matemáticos. Pero en el fútbol el factor irracional tiene un peso decisivo. Y el factor irracional es el factor humano. Es la constante que sufrimos todos, en mayor o menor medida, a lo largo de todas nuestras inciertas vidas, culminando con la madre de todos los absurdos, la muerte. Nos identificamos con el fútbol porque ofrece un triste y a la vez exuberante reflejo de la condición humana.
Y aquà acaba la lección de filosofÃa. Yendo al grano, media España comparte el dolor de la épica y fracasada gesta del Getafe, pero ¿por qué fue injusta la derrota del Arsenal? Muchos españoles no lo habrán entendido asÃ, cegados como estaban por el chovinismo que inspira el llamado Spanish Liverpool. Tan cegados que aquà todos celebraron el gol del Kid Torres como el gran golazo del partido cuando está clarÃsimo que el segundo gol del Arsenal, el maradoniano que se inventó el suplente inglés Walcott, es el que realmente pasará a la historia.
Fue injusta la caÃda del Arsenal en Anfield por el motivo que tantas derrotas en el fútbol son injustas: porque hay un ser humano en cada partido al que se le exige que ejerza un poder absoluto, tirano sobre el resultado. Es decir, el árbitro.
En el primer partido, en el Emirates Stadium, el árbitro no pitó un penalti como una casa a favor del Arsenal; en el segundo, otro árbitro sà pito uno dudoso en su contra. El partidazo de Anfield ha generado rÃos de sesudo análisis, pero con estos dos datos se resume todo. Si los árbitros hubieran sido dioses infalibles, los sesudos análisis -que al Arsenal le faltó disciplina defensiva; que su entrenador, Arsène Wenger, se equivocó al no fichar a un par de cracks…- habrÃan sido totalmente diferentes.
Por otro lado, hay una injusticia mayor. Que el Arsenal, sobre los dos partidos, jugó un fútbol mucho más fresco, técnico, y vivaz que el Liverpool, como ha hecho a lo largo de toda la temporada. El Liverpool es un equipo que, al viejo estilo inglés, es incapaz de hilvanar más de tres pases seguidos. El Arsenal nos regala un recital de pases.Y, por más orgullosos que estemos en España del hombre que toda Inglaterra ya conoce como Rafa, la verdad es que el entrenador del Liverpool es un italiano llamado BenÃtez, un mecánico cuyo juego se basa en programar a nueve jugadores para defenderse y tener a un goleador arriba, en este caso el héroe de Anfield, Torres. Wenger es un director de orquesta con pasión por las grandes sinfonÃas. Pero el amor al arte no es suficiente en el fútbol para triunfar. Sin la fortuna a favor, nadie se salva.
The Amps

El lanzamiento del nuevo disco de las Breeders, como antes aquella nueva gira de Pixies, o como cada 6 meses con la ultima entrega del señor Black, me recuerda a los tiempos benditos de cuando los discos eran un evento y me acordó del disco de The Amps, la banda formada por Kim Deal en el 1995 justo despues de la separación con su hermana.
Titulado Pacer, el album dura poco más de media hora y cuenta 12 canciones, todas medio terminadas, grabadas con lo más basico (al principio Kim Deal querÃa tocar todos los instrumentos pero se resigno a llamar a par de colegas), y a penas producidas. El resultado probablemente no era buscado, pero ahi está la sensacion de escuchar la esencia misma de las canciones, el songwriting al estado puro (bruto), sin decoraciones ni trucos, con las emociones a flor de piel.
Toda una lección para muchos creadores: preocuparse más del contenido de su trabajo que del resultado final y disfrutar sencillamente del proceso creativo en lugar de pensar si publicar o no.
Os dejo ahà “Pacer” la canción y os animo a haceros con el disco para visitar estos grandisimos temas (entre otros “Bragging Party”, “Mom’s Drunk”, “Full On Idle”…). En su tiempo, Pitchfork le dÃo un 8.7, aunque casà lo tiran a la basura por “demasiado lo-fi”
Links:
Escuchar “Pacer”.
Descargar el disco.
Untrue
“Untrueâ€? no lo pone nada fácil para escoger las palabras. Es fácil sentirlo dentro porque cada uno de sus minutos es un éxtasis táctil, un abrazo, una brisa cálida, un pinchazo en la boca de la aorta, un reto incluso para la imaginación más vÃvida. Es como pedirle un deseo al genio de la lámpara y tenerlo delante con un simple chasquido de dedos. En la mente, “Untrueâ€? se sabe lo mucho que significa. Pero cualquier intento de describir la sensación de totalidad, de calma y plenitud, de un sonido tan increÃblemente hermoso —y novedoso— como el que emana del segundo asalto de Burial, se convierte al instante en frustración y vacÃo. HabrÃa que ser Dante y dedicarle tres cantos floridos de palabras de luz, frÃo y amor para poder hacer con el lenguaje lo que este ser oculto en el anonimato hace con el sonido. Hipérbole, pensarán ustedes. Al chaval se le está yendo la pinza. Pero no. No y no. “Untrueâ€? es uno de esos discos que superan cualquier ideal platónico imaginado con antelación, la máxima expresión de lo que es una obra por encima de la vida. Por estas fechas siempre se busca el disco del año, pero sin darnos cuenta quizá —qué coño quizá— nos hemos tropezado con el disco de la década.El año pasado Burial se ganó la corona con justicia con un debut desolador, “Burialâ€? (Hyperdub, 06), que rompÃa el molde del dubstep, pero también el de toda la música interesante del momento. Aquellos fragmentos de noche al borde del sollozo, con los faros de un coche parpadeando en la distancia, con final derrumbado en el amanecer tibio de una cafeterÃa o a la salida de un club cuyo eco se apaga a cien metros, no sólo era una elegÃa —o un réquiem, o una endecha— a mayor gloria de la música de la larga tradición rave inglesa, sino también un esbozo convulso de ambient fantasmal, soul sonámbulo, ritmos rotos intentando huÃr de un pozo sin fondo. Sólo un tuercebotas o un sordomudo serÃa incapaz de reconocer y sentir la novedad, y la emoción, de aquel signo —hubo, de hecho, quien se atrevió a cuestionarlo para al poco tiempo recular ante el peso del sentido común: asà les luce el pelo—, y no en vano la revista The Wire, asà como ésta que tienes en las manso, lo alzó al número uno de sus listas del 2006 por victoria aplastante. Cuando un disco no se parece a ningún otro y además transmite un sobrecogimiento insoportable, debe estar ahÃ.Ahora partamos del hecho de que “Untrueâ€? es superior a “Burialâ€?. Si aquel era un golpe tras el cual costaba recomponer el gesto y el ánimo, pueden imaginarse cómo se le queda la cara a uno —cara de imbécil— al acabar los poco más de cincuenta minutos que dura este viaje absorvente, este rapto a los infiernos y esta ascensión a las nubes que significa el regreso de Burial. De hecho, todo se puede resumir en tres ideas fundamentales, casi axiomáticas: primera, “Untrueâ€? no se parece a nada, ni nada se le puede comparar sin flaquear y, finalmente, caer derrotado en la batalla; segunda, “Untrueâ€? te cambiará la vida; tercera, “Untrueâ€?, a la vez, te la destrozará por completo.
La primera es la que requiere una explicación más extensa, pero también la más lógica, la que se atiene a hechos objetivos y apreciaciones racionales. Lo que ha grabado Burial vive y se desarrolla en sà mismo, sin ninguna extensión ajena en el presente de la música popular: ningún otro disco conocido, ni siquiera el de la ultimÃsima generación dubstep, que serÃa su cÃrculo aparentemente más próximo —Vaccine, Blackdown, Scuba, Subeena—, se aproxima a lo que el pupilo de Kode9 pinta en sus duermevelas, a los demonios que exorciza en sus madrugadas eternas. Con una educación musical férrea en el continuum hardcore y ajena a cualquier distracción del mundo exterior, Burial intenta mantener viva la llama de una cierta manera de concebir el ritmo y la atmósfera. Sus influencias son Omni Trio, Photek, Rufige Kru, Digital, Gerald Simpson —artesanos del ritmo imposible enroscado en una emoción abstracta—, asà como la siguiente generación del 2step, los El-B, Ed Case y Zed Bias, allà donde el bajo se volvÃa más viscoso, y el beat aún más escurridizo: para Burial, programar música es como cazar anguilas con las manos desnudas. Y por fin viene el dubstep. Y una sensibilidad singular que insufla todo lo humano, todo lo bonito del ser humano, a una música que habla a la oreja con el amor de una madre o una novia de muchos años pero en un lenguaje extraterrestre.
“Untrueâ€? no parece humano, en realidad. Es lo más próximo a una transmisión del espacio exterior emitida por una forma de vida inteligente con la que jamás nos hayamos encontrado. Todo el álbum está bañado en una melancolÃa y una paz estática que te deja hipnotizado, incapaz de reaccionar, pero lo auténticamente descolocante está en las voces. Porque habÃa algo de lo que carecÃa “Burialâ€? y en lo que “Untrueâ€? anda sobrado: cuchicheos, suspiros, canturreos de canciones de cuna, palabras de amor desde el otro mundo. En cierto modo es un disco aterrador, porque las voces se identifican, pero casi nunca se descifra su significado. Son las de entes de Venus aprendiendo a entonar lenguas vivas, y de ahà la mezcla entre calidez, familiaridad y desasosiego. Burial manipula esas voces a su antojo y las sube de pitch —hasta rozar la frontera del helio— o las baja a frecuencias graves, a veces en la misma frase. No son canciones, sino un efecto más que apela a la sensibilidad interior. Y sin embargo, se pueden tararear, reconocer con rapidez, incluso sumar al adn para poder transmitir por vÃa genética a futuras generaciones un nuevo estado emocional, el de la euforia desmedida flanqueada de una depresión agónica. “Untrueâ€? destapa la bipolaridad en cada uno, es detonante de ciclotimia.
Podemos empezar por “Archangelâ€?, a efectos plásticos el resumen del disco, e intentar descifrar cómo algo tan sencillo como un beat UK Garage y unas voces que se hinchan y se desinflan con palabras de amor y abandono puede dejar una herida tan ancha. A partir de ahÃ, “Untrueâ€? avanza sosteniendo el nivel o yendo a mejor, como cuando entra la post-soul “Etched headplateâ€? —¿cómo puede hacer que alguien cante asÃ? ¿cómo?— precedida del resplandor celestial de “Endorphinâ€?. O como cuando, anticipado por la elegÃaca “In McDonaldsâ€?, “Untrueâ€? (el tema) filtra los primeros bajos de máxima densidad sin que la voz, otra voz misteriosa esta vez de hombre, deje de insuflar consuelo. Por fin, el tramo final, todavÃa más a flor de piel, imposible de soportar sin humedecimiento de lacrimales, con “Shell of lightâ€?, “Homelessâ€?, dos interludios opiáceos (“Dog shelterâ€?, “UKâ€?) y el final, el final definitivo, la conclusión apoteósica de “Raverâ€?, house con lÃnea de bajo oronda y rayo de luz que ciega, el primer tema propiamente ‘de baile’ de Burial —aunque sea de baile paralizado y estremecido—, que culmina en rush final un paseo ionosférico; muy significativamente, “Raverâ€? se termina con un golpe de caja, seco y a destiempo, en el último segundo del tema: una deliberada mota de imperfección en un disco que repele de principio a fin lo vulgar, lo inane, lo muerto.
La segunda idea que resume “Untrueâ€? nos lleva a la pura metafÃsica. Escuchar esto es entrar en otro universo. Como no existe ningún disco asÃ, ni lo existe tan Ãntimo, se entra en la persecución infinita e irresoluble del ideal inmaculado, en un bucle de belleza —y anhelo de más belleza— que transforma de manera progresiva la percepción de la música. Una buena inmersión en “Untrueâ€? es como bañarse en las aguas del Leteo y el Eunoe, pues uno resurge puro, amnésico, con la cabeza en otro lugar. Burial modifica la escala de valores. O, como indicó Mary Anne Hobbs en su programa de radio en la presentación mundial del disco, ésta es una de esas piezas de arte que obligan a enamorarse de la música de nuevo, a reexaminar por qué compramos discos, por qué los devoramos y por qué caemos en ellos una y otra vez. La tercera idea, en definitiva, es la más dolorosa. Pues tras salir de “Untrueâ€? y flotar en éter y amarga bilis, tras haber experimentado una tortuosa transformación emocional, uno se da cuenta de que cualquier otro disco sabe a poco, que suena a rayos, que podrÃa ser arrojado por la ventana y nunca tendrÃamos la necesidad de bajar a buscarlo. Con “Untrueâ€? te bastas y te sobras, y eso es lo peligroso, pues es capaz de dejar al 95% del resto de música de la esfera pop como una pérdida de tiempo, y eso, en efecto, te destroza la vida, crea una ansiedad a la que resulta difÃcil adaptarse. Asà que gracias, Burial, por esta puñalada. Y ahora, después del borbotón, y con la esperanza de haberles salpicado un poco, si me disculpan, iré a limpiarme.
Javier Blanquez
Texto publicado en la Go del pasado diciembre
No sé como no habÃa mencionado todavÃa la música de Burial. Tal vez porque es imposible hablar de ello, y que Javier Blanquez lo ha dicho todo. Tal vez porque hablar detrás de un ordenador de una música hecha del vacÃo de nuestras vidas urbanas tiene poco sentido. Tal vez porque ya sentimos en nuestra piel el lento apocalipcis del mundo desarollado.
Lo seguro es que no consigo deshacerme de esos temas y que el disco se coloca (sonará a topico) en mi all-time favorites junto a Laughing Stock y demás.
Links:
Su myspace.
Tambien interesante, la interview en la Wire.
